26 de abril de 2011

La traducción de antropónimos: familias reales

Leo en la página web de la Fundéu algunas recomendaciones para la correcta redacción de las informaciones relacionadas con la próxima boda real en el Reino Unido. Entre ellas, la que ya dio que hablar hace un par de semanas: que a Kate Middleton habría que empezar a llamarla "princesa Catalina" en cuanto suenen las campanas de Westminster tras el "yes, I do".

No voy a entrar en si la recomendación de la Fundéu me gusta o no me gusta... Vale, no, no me gusta, por motivos varios que ya contaré otro día, ahora da igual. El caso es que, reflexionando sobre esta tradición tan española de traducir los nombres de los miembros de la realeza (y digo española, y no del español, porque parece que al otro lado del Atlántico esto no se lleva tanto), se me ha ocurrido investigar qué ocurre en otras lenguas. ¿Llamarán los portugueses João Carlos al rey de España? ¿Llamarán los italianos Enrico al hermano del príncipe Guillermo?

Portugués
El caso portugués es curioso. Allí nadie habla de João Carlos I, sino de Juan Carlos I da Espanha. De ahí podríamos deducir que en Portugal no traducen los nombres de la realeza, ¿no? Pues nos equivocaríamos, porque bien que hablan de Isabel II do Reino Unido, de Beatriz dos Países Baixos, de Henrique de Luxemburgo y demás. Y en el pasado, en portugués, también se hablaba de Afonso XIII y de Filipe V. ¿Por qué el actual rey español se ha salvado de ver su nombre traducido? ¡Misterio! En cuanto a los novios, raramente se habla de o príncipe Guilherme. Es más habitual leer y oír o príncipe William. Nada indica que vayan a rebautizar a la novia como Catarina.

Italiano
En el caso del italiano y la casa real española, se aprecia un cambio de tendencia a partir de los Alfonsos. Hasta entonces, en Italia se había hablado de Filippo V, Ferdinando VII e Isabella II, por ejemplo. Después vinieron los dos Alfonsos y, a partir de ahí, parece que se dejan de traducir los nombres: ni re Giancarlo I, ni principe Filippo. No es el caso de la mayoría de familias reales europeas: ahí tenemos a Enrico de Luxemburgo y a Guglielmo Alessandro de Holanda. En el caso de la casa real británica, el único al que no le italianizan el nombre es, precisamente, a William.

Francés
Por lo que parece, los franceses también solían traducir los nombres de la realeza, aunque a partir de mediados del siglo XX se empezaron a utilizar los nombres "originales" de los monarcas y sus descendientes, incluso el de la reine Margrethe de Dinamarca. Sin embargo, la reina de Inglaterra no se libró: a ella la llaman Elisabeth II (me sorprende que no la llamaran Isabelle II).

Catalán
En los medios de comunicación catalanes, según marca la CCMA, se traducen los nombres de reyes, reinas, príncipes y princesas (reinen o no) y de sus descendientes directos, a menos que no exista equivalente. La misma idea que en español, parece. A Kate Middleton, en teoría, le tocaría pasar a llamarse princesa Caterina en las páginas del Avui a partir del viernes. Estaré atenta. Me consta que la edición en catalán de El Periódico ya lo aplica.

Google Analytics me dice que aquí entra gente de un montón de países, y quiero comprobar que no me esté mintiendo :) ¿Alguien se anima a compartir cómo funciona el tema en otros lugares del mundo?

Otro día, más.

10 comentarios:

Jordi Balcells dijo...

Muy buen análisis, ahora los raros parecemos nosotros, jeje.

He buscado el caso del alemán y parece que antes también adaptaban, pero también se cansaron a principios del siglo XX. Si aceptamos la Wikipedia como fuente válida para conocer el uso común, tenemos en el Reino Unido: Georg VI http://de.wikipedia.org/wiki/Georg_VI._(Vereinigtes_K%C3%B6nigreich), pero Elizabeth II (en alemán sería "Elisabeth", con "s") (http://de.wikipedia.org/wiki/Elisabeth_II.). Por otra parte, en España, Alfons XIII http://de.wikipedia.org/wiki/Alfons_XIII._(Spanien), pero Juan de Borbón (que no fue rey, pero bueno) http://de.wikipedia.org/wiki/Juan_de_Borb%C3%B3n_y_Battenberg

Con la democratización e inmediatez de la información gracias a los periódicos y la radio en el s. XX (¿post Gran Guerra?), parece que otros países dejaron de adaptar los nombres porque se acostumbraron rápidamente a leer y oír los originales. Pero aquí somos más guays y lo adaptamos todo.

También tiene sus ventajas esta adaptación masiva, no creas. En alemán e italiano, por el contrario, tienen la manía de utilizar muchos anglicismos a saco. El caso del italiano es especialmente sangrante: display, file, mouse...

Anna dijo...

¡Gracias por el comentario, Jordi!

Precisamente por ahí iba yo al comentar que la recomendación de la Fundéu no me acababa de convencer (hablo de tu penúltimo párrafo). Que no se trata de una boda real en un país lejano y de una novia de la que nadie sabe nada. Estos llevan saliendo siete años, los mismos que la prensa española lleva llamándola Kate o Catherine. Puede que acabe pasando como con Grace Kelly (salvando las distancias), a la que mucha gente siguió llamando "princesa Grace" por inercia.

¡Que vaya bien por Gijón! :D

Aife dijo...

¿Podría ser un poco por tradición? O sea, decir Isabel II porque a Isabel I no se la llamaba de otra manera y porque los términos se han popularizado tanto que ya es imposible cambiarlo.

Lo de ser "muy guays" tiene su cosa, jeje. Os acordais del entrenador Cúper? Creo que era argentino. En fin, me repateaba la manera tan curiosa de "hispanizar" los nombres extranjeros.

santi_yop dijo...

¡Buen texto! Bueno, cuando escribo esto, Kate y William ya están casados, y curiosamente por arte de magia, la prensa empieza a llamarla Catalina. Jaja, qué lío.

Lo curioso, es que a los reyes Católicos (Fernando e Isabel) en Inglés le conocen como Ferdinand e Isabella.

Insisto, este tema es un lío, pero es bastante interesante. Se ve que no soy el único que se fija en estas cosas.

Maria La Chica dijo...

Pues en mi casa a Grace Kelly siempre la han llamado la "princesa Gracia".

Me ha gustado mucho esta entrada de tu blog, porque siempre me he preguntado lo mismo, que de dónde viene la manía de traducir los nombres de pila.. Mi marido y yo además tenemos una "peleilla" recurrente con los nombres de ciudades traducidos de un idioma a otro (ej: Seville en vez de Sevilla, o Londres en vez de London, etc)

elartedetraducir dijo...

¡Muy buena la entrada! Precisamente el otro día hablaba del tema con mi pareja y mira por dónde, descubro que hablas de él en tu blog xD. En árabe y en griego creo que simplemente transcriben los nombres (sería una locura que andaran traduciéndolos, sinceramente), pero investigaré un poco a ver lo que encuentro, aunque solo sea por curiosidad ;). ¡Saludos!

Anna dijo...

@María, eso es justo lo que quería averiguar cuando empecé a escribir esta entrada. La idea no era comparar costumbres "traductoriles" en distintos países, sino explicar por qué se empezaron a traducir los nombres, el origen de esa costumbre, en definitiva. Esa parte la tengo pendiente :).

@Eva, si averiguas algo, comparte :D

Tatenori dijo...

Qué interesante... Supongo que no hace falta decirlo, pero en japonés no se "traduce" nada, más que nada porque no se puede jejeje Así que la chica va a seguir siendo "Kyasarin" o bien "Keito" (de la adaptación fonética no se salva...).

Félix dijo...

Yo sospecho que esta tradición viene de la Edad Media, cuando todos los documentos diplomáticos se escribían en latín. Como en esos documentos era como únicamente se tenían noticias de los extranjeros y en ellos se traducían al latín los nombres, al traducir a las lenguas de cada país esos documentos se traducían también los nombres. Y lógicamente, pasaba sobre todo con los reyes, que eran los únicos que salían con su nombre, latinizado, en esos documentos

Anónimo dijo...

Pues lanzo la hipótesis siguiente: los nombres de pila tienen tradicionalmente carácter de advocación, se elegían en referencia a santos o ancestros, por sus virtudes, o por el propio significado del nombre. Al cambiar de idioma, era importante mantener la relacion con el santoral, el antepasado, o el significado.
Por otra parte, los nombres se registraban en latín, desde el propio registro de bautizos, y solo se utilizaban las formas de cada idioma en el uso común, por lo que, de nuevo, la adaptación por idiomas es lógica.
Esto se aplicaba a toda persona que cruzase fronteras, desde Erasmo de Rotterdam hasta Juan de Colonia.
En el caso de los Papas, todo lo anterior es especialmente claro, con nombres adoptados, con una intención fuerte, que es necesario conservar en cada idioma. Pensemos en Ratzinger, que adopta el nombre de Benedicto.
En el caso de la realeza, con casas gobernantes supranacionales, la adaptación se produce incluso al idioma del país gobernado. Nuestra Sofía es griega de nacimiento y germana de sangre, probablemente su nombre oficial en caracteres latinos fuese Sophia, hasta que se caso con Juan Carlos.
Balduino de Bélgica se llamaba Baudouin en Valonia y Boudewijn en Flandes, como es tradición en ese reino bilingüe, para que tanto sus súbditos del norte como del sur le reconozcan como propio. Y nuestro Carlos I tenía tantos nombres (y numerales asociados) como idiomas se hablaban en sus reinos, además de Carolus, que era el oficial.
Actualmente, el nombre no tiene ese carácter advocatorio, ni es tan importante su significado, sino que forma parte de de un sistema que nos identifica como únicos, nombre, apellidos, DNI. Además, conocemos docenas de personas con el nombre de Kate, actrices, cantantes, modelos... es un nombre familiar para nosotros; por eso nos parece tan raro traducir a Catalina.
Carlos.