22 de diciembre de 2009

Tengo "leverburs"...

He vuelto a casa por Navidad, igual que el turrón. Como ayer hizo un tiempo de perros, me acerqué a la biblioteca de mi barrio a saquear la sección de DVD, en previsión de una tarde de SMP (sofá + mantita + peli) mientras fuera llovía a cántaros. Y como lo mejor para estas ocasiones son las películas clásicas (verlas cuando hace sol no es lo mismo), me traje a casa Charada y West Side Story.

Resultó que el DVD de Charada estaba subtitulado siguiendo la pista de doblaje y no el guión original, igual que aquella edición en DVD de un clásico de Truffaut de la que hablé al poco de empezar con el blog.

Algo que me llamó la atención en los dos casos es la cantidad de nombres propios (de personas y de lugares) mal escritos. A algunos les faltaban o sobraban letras (Guideon en lugar de Gideon, Bartolomew en lugar de Bartholomew, Boss en lugar de Voss), pero otros eran surrealistas directamente (Bencelo en lugar de Panthollow, Escobi en lugar de Scobie, Campfile en lugar de Canfield, y el mejor: Cruchen en lugar de Cruikshank). Esto es perdonable, en parte, si tenemos en cuenta que los créditos de la película no incluyen los nombres de los personajes: al principio sólo aparecen los nombres de los actores, y al final no hay créditos. Y digo que es perdonable en parte porque el DVD es del año 2000, y por aquel entonces ya existían IMDB y otros portales parecidos donde consultar los nombres de los personajes sin tener que inventártelos (¬¬).
Otra cosa que me llamó la atención es una curiosidad del doblaje, que no afecta para nada al argumento y que sólo te choca si has estado en París y aún tienes el mapa de la ciudad en la cabeza. En una escena, Regina (Hepburn) habla por teléfono con Bartholomew (Matthau) y quedan en verse en el mercado de Les Halles, delante de la iglesia de Saint-Eustache:

Diálogo en inglés

- Where are you now? Can you meet me at the market?
- At Les Halles?
- Yeah, opposite Saint-Eustache.

Diálogo en español (doblaje)
- ¿Dónde está ahora? ¿Puede esperarme en el mercado?
- ¿En Les Halles?
- Sí, enfrente de Saint-Jacques.

No sé si cambiaron el nombre de la iglesia en castellano porque pronunciar "Saint-Eustache" era muy complicado. El caso es que enfrente de Les Halles no hay ninguna iglesia de Saint-Jacques. Sólo está la iglesia de Saint-Eustache, y es imposible no verla, es enorme (y si entras, es imposible olvidarla: ¡parece un decorado de la Hammer!).

Por cierto, subtítulos en español de esa escena:


Y otra captura graciosa (y esto por si os preguntáis qué es el "leverburs"):


También he de decir que había otros dos o tres momentos en la película en los que el doblaje se inventaba frases que en inglés no tenían nada que ver, y la persona que hizo los subtítulos no cayó en el mismo error y subtituló lo que los personajes decían realmente. Ahí, genial. Pero el resto... ¡tirón de orejas!
Otro día, más.

20 de diciembre de 2009

Estamos de obras

Estos días ando cambiando el diseño del blog. No os asustéis si veis enlaces raros, columnas cuádruples o colores que no combinan ;).

8 de diciembre de 2009

Falsos anglicismos

En castellano se utilizan varias palabras que, aunque parecen préstamos del inglés, no lo son (esto seguro que tiene un nombre en lingüística, pero ahora mismo no caigo). Mucha gente no lo sabe, las toma por palabras inglesas y las utiliza al hablar en inglés, para risión (o confusión) de los nativos. Veamos tres ejemplos:

footing
Según el DRAE, esto no es un "neologismo inglesoide made in Spain", como alguno que vamos a ver luego. Este lo importamos de Francia. La palabra inglesa para footing es jogging. Si le decís a un inglés que hacéis "footing every morning", se os quedará un poco a cuadros, aunque no tan a cuadros como me ha dejado a mi la definición de footing del DRAE ("paseo higiénico [!] al aire libre").

esmoquin/*smoking/*esmoking (¡ay!)
Dinner jacket en las islas británicas, tuxedo en Norteamérica. Puede que el nombre en castellano (y en prácticamente cualquier idioma excepto el inglés) derive de otro tipo de prenda que sí se llama smoking jacket, pero que es más bien una especie de bata. Sospecho que el exitazo de la dinner jacket de tres botones para mujer que diseñó Yves Saint Laurent en los sesenta (y que comercializó como le smoking en francés) tuvo algo que ver. ¿Alguien sabe si se pueden consultar ediciones antiguas del DRAE en Internet?

puenting
Esto puede parecer muy obvio, pero aún así hay gente que no cae. Yo no he oído decir a nadie en inglés "I like doing puenting", pero lo he visto escrito tal cual en un currículum (en el apartado de "aficiones" que tanto se estila por aquí). En inglés, a saltar desde un puente o desde cualquier otra estructura a varios metros del suelo atado a una cuerda elástica se le llama bungee jumping.

Otro día, más.

4 de diciembre de 2009

Traducción: "El tren de los muertos"

Cuando comencé con el blog, hace año y medio, dije que de vez en cuando colgaría alguna traducción de algún texto que me pareciera interesante. Pues bien, creo que ya toca :).

Lo que vais a leer a continuación (si queréis, vaya :P) es la traducción de dos páginas del libro London's strangest tales: extraordinary but true stories, de Tom Quinn. Se trata, básicamente, de un libro de anécdotas sobre Londres, recopiladas y ordenadas por orden cronológico, desde el siglo X hasta nuestros días. Se hace muy ameno porque cada anécdota ocupa dos o tres páginas, no más, así que se lo recomiendo a cualquiera que busque una lectura ligerita para el metro o el autobús.

El tren de los muertos (1854)

Justo al lado de la estación de Waterloo, entre lo que era hasta no hace mucho York Street (actualmente Leake Street) y Westminster Bridge Road, se alza un curioso edificio de color rojo, con una entrada de piedra gris, en forma de arco. Antiguamente, esa era la entrada a una de las estaciones de tren más singulares de Londres.

El edificio actual data de principios del siglo XX, pero se construyó sobre los restos de una estación que se inauguró en 1854: la estación término del "Necropolis Railway", una línea de tren construida especialmente para los muertos.

Para entender cómo se llegó a esta insólita situación, hay que saber que, a mediados del siglo XIX, los camposantos de las iglesias de Londres ya estaban llenos a rebosar. Se enterraban cadáveres en fosas donde ya no cabía ni uno más. Muchas veces, el cuerpo en descomposición sólo quedaba cubierto por unos centímetros de tierra. ¿El resultado? Unas condiciones sanitarias nada deseables y epidemias frecuentes.

Para paliar el problema, se cerraron todos esos pequeños camposantos y se empezaron a construir grandes cementerios a las afueras, como el de Kensal Green, o el más famoso, el de Highgate. Al sur de Londres, a unos 40 kilómetros, se abrió el cementerio de Brookwood. Desplazar hasta allí a un muerto en su ataúd junto a todos los asistentes al entierro no era tarea fácil. La solución fue el "Necropolis Railway".

Los "trenes fúnebres" partían de lo que era, en realidad, una estación aparte que enlazaba con la línea principal de ferrocarril. Al salir de la estación, los trenes se incorporaban a esa vía principal y la seguían hasta llegar a Brookwood. Una vez allí, cambiaban de dirección y se adentraban en el cementerio. Hasta 1902, cuando se llevaron a cabo las obras de remodelación de esa estación y de la de Waterloo, había trenes fúnebres disponibles cada día para quien los solicitara. Después, por algún motivo, dejó de haber trenes los domingos, y unos años después ya sólo funcionaban, como mucho, dos días a la semana. En 1941, un bombardeo destruyó la estación (aunque la fachada sobrevivió). Tras el fin de la guerra, el servicio de trenes fúnebres no se retomó.

El ferrocarril se desarmó a finales de los años cuarenta, pero la parte de la vía que quedó dentro de los terrenos del cementerio sobrevivió unos años más, junto a las dos estaciones que había dentro: una en la zona sur, donde se enterraba a los anglicanos, y otra en la zona norte, destinada a los no anglicanos. La estación norte se derribó a principios de los sesenta, y la estación sur sucumbió a un incendio en 1972. Hoy en día todavía se pueden ver en el cementerio los restos de los andenes, único recordatorio de los miles de difuntos que tomaron ese último tren.