4 de diciembre de 2009

Traducción: "El tren de los muertos"

Cuando comencé con el blog, hace año y medio, dije que de vez en cuando colgaría alguna traducción de algún texto que me pareciera interesante. Pues bien, creo que ya toca :).

Lo que vais a leer a continuación (si queréis, vaya :P) es la traducción de dos páginas del libro London's strangest tales: extraordinary but true stories, de Tom Quinn. Se trata, básicamente, de un libro de anécdotas sobre Londres, recopiladas y ordenadas por orden cronológico, desde el siglo X hasta nuestros días. Se hace muy ameno porque cada anécdota ocupa dos o tres páginas, no más, así que se lo recomiendo a cualquiera que busque una lectura ligerita para el metro o el autobús.

El tren de los muertos (1854)

Justo al lado de la estación de Waterloo, entre lo que era hasta no hace mucho York Street (actualmente Leake Street) y Westminster Bridge Road, se alza un curioso edificio de color rojo, con una entrada de piedra gris, en forma de arco. Antiguamente, esa era la entrada a una de las estaciones de tren más singulares de Londres.

El edificio actual data de principios del siglo XX, pero se construyó sobre los restos de una estación que se inauguró en 1854: la estación término del "Necropolis Railway", una línea de tren construida especialmente para los muertos.

Para entender cómo se llegó a esta insólita situación, hay que saber que, a mediados del siglo XIX, los camposantos de las iglesias de Londres ya estaban llenos a rebosar. Se enterraban cadáveres en fosas donde ya no cabía ni uno más. Muchas veces, el cuerpo en descomposición sólo quedaba cubierto por unos centímetros de tierra. ¿El resultado? Unas condiciones sanitarias nada deseables y epidemias frecuentes.

Para paliar el problema, se cerraron todos esos pequeños camposantos y se empezaron a construir grandes cementerios a las afueras, como el de Kensal Green, o el más famoso, el de Highgate. Al sur de Londres, a unos 40 kilómetros, se abrió el cementerio de Brookwood. Desplazar hasta allí a un muerto en su ataúd junto a todos los asistentes al entierro no era tarea fácil. La solución fue el "Necropolis Railway".

Los "trenes fúnebres" partían de lo que era, en realidad, una estación aparte que enlazaba con la línea principal de ferrocarril. Al salir de la estación, los trenes se incorporaban a esa vía principal y la seguían hasta llegar a Brookwood. Una vez allí, cambiaban de dirección y se adentraban en el cementerio. Hasta 1902, cuando se llevaron a cabo las obras de remodelación de esa estación y de la de Waterloo, había trenes fúnebres disponibles cada día para quien los solicitara. Después, por algún motivo, dejó de haber trenes los domingos, y unos años después ya sólo funcionaban, como mucho, dos días a la semana. En 1941, un bombardeo destruyó la estación (aunque la fachada sobrevivió). Tras el fin de la guerra, el servicio de trenes fúnebres no se retomó.

El ferrocarril se desarmó a finales de los años cuarenta, pero la parte de la vía que quedó dentro de los terrenos del cementerio sobrevivió unos años más, junto a las dos estaciones que había dentro: una en la zona sur, donde se enterraba a los anglicanos, y otra en la zona norte, destinada a los no anglicanos. La estación norte se derribó a principios de los sesenta, y la estación sur sucumbió a un incendio en 1972. Hoy en día todavía se pueden ver en el cementerio los restos de los andenes, único recordatorio de los miles de difuntos que tomaron ese último tren.