30 de noviembre de 2009

El callejón De

En el centro de Londres, al lado de la estación de Charing Cross, hay una calle peatonal muy, muy estrecha, que discurre paralela al Strand y que se llama York Place.

Pero no siempre se ha llamado York Place: hasta mediados del siglo XIX, esta callejuela era conocida con el nombre de Of Alley (el callejón De), y el cartel aún lo recuerda.



La historia del nombre es curiosa. A principios del siglo XVII se alzaba en la zona una mansión enorme, York House, construida en el siglo XIII. Se trataba de una casa señorial con salida al Támesis vía embarcadero privado (en aquella época, vivir al lado del Támesis era como vivir al lado de una autopista).

Hacia 1670, la ciudad se planteó reurbanizar por completo la zona. Christopher Wren, que era algo así como el Sir Norman Foster del momento, dejó caer que estaría bien construir un dique en el Támesis, a la altura de esa zona, para ganarle terreno al río. La idea implicaba comprar y derribar unos cuantos edificios para remodelarlo todo. Uno de estos edificios era York House, propiedad por aquel entonces de George Villiers, duque de Buckingham. El duque accedió a la venta, pero puso una condición: que todas y cada una de las partes que formaban su nombre se utilizaran en los nombres de las nuevas calles que se abrieran allí.

Y así nacieron George Court, Villiers Street (que ahora une las estaciones de Charing Cross y Embankment), Duke Street (ya desaparecida) y Buckingham Street. Y con esto, solucionado el asunto, ¿no?

Lo habéis adivinado: no.

No se sabe si fue por presiones del propio duque, por choteo o porque los nombres de las calles los pusieron un viernes y ya en aquel tiempo era común aquello de acabar la semana yendo a comer al pub y volviendo al trabajo con una pinta o dos de más. El caso es que los encargados de diseñar y nombrar las nuevas calles también aprovecharon el of de Georges Villiers, Duke of Buckingham para dar nombre a un callejón que, como dicen (o decían) en el sur de España, "se había quedado morito".

En 1855, unos años antes de empezar las obras de lo que se conoce como London Embankment, se decidió cambiar el nombre de la calle, pero manteniendo la referencia al nombre antiguo.

Otro día, más.

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